Nieves

13.DIC.2018           1.FEB.2019

Nieves

Ángel en la escalinata de El Salvador
Lápices de colores sobre papel
40 x 24,5 cm
2014

Exposición

 

13.DIC.2018         1.FEB.2019

La contemplación en el museo del Louvre de Santa Ana, la última obra maestra de Leonardo da Vinci, le dio al artista la idea inicial de lo que más tarde germinaría dando lugar a esta muestra, Nieves.
Más de cuatro años de intenso trabajo dieron como resultado una serie de obras que giran en torno a la figura de la Virgen de las Nieves, donde pueden encontrarse dibujos y pinturas de diversos formatos y una gran variedad de técnicas. Sin embargo, todas las obras de esta exposición tienen un denominador común: el amor a una isla mágica, La Palma. Un amor puesto en cada segundo de trabajo. Un homenaje a su (nuestra) gente y, muy humildemente, también a la historia del arte y a un modo particular de entender la profesión de artista. 

Nieves

Bajada de la Virgen de las Nieves
Óleo sobre tabla
60 x 90 cm
José Tabares

Artista

José Tabares Rodríguez

El oficio de pintar ofrendas

Todo estaba en París aquel abril del 2012. Todo estaba allí, en el Louvre. Su amor por Leonardo Da Vinci lo lleva a contemplar el cuadro de Santa Ana y La Virgen. Allí se encuentra con La libertad guiando al pueblo de Delacroix. Y lo mismo que sintiera en El Prado al ver La Anunciación de Fray Angélico, José Tabares (Villa de Mazo, 1977) vuelve a sentirlo ante unas obras que le desvelan cuál es el camino a seguir; cuál ha de ser su destino; cuál es el camino que debe elegir para transformar la realidad en algo que pueda verse, mirarse detenidamente, comprenderse mejor a través de unos pinceles, unos lápices, distintas clases de papeles y colores. Y es por eso que José Tabares pinta al óleo, al óleo con lápiz, a la acuarela… Igual le da usar acrílico que aguada de óleo sobre tabla, porque para él «al ser liso puede usar el lápiz que resbala mejor». Y es por eso que usa el crayón como se usaba antiguamente porque para él decir crayón es decir «soy antiguo, creo en algo especial» y por eso usa el crayón blanco para resaltar la luz. Y por eso pinta cómo pinta. Y por eso crea como crea.

Todo lo que utiliza José Tabares está impulsado por una pasión: transmitir la verdad de lo que ve, de lo que mira, de lo que cree que ve y mira. Su pasión y su fe en lo que le rodea, es lo que hace de sus manos una herramienta de trabajo y de creación asombrosas. Utiliza la técnica según el resultado que quiera conseguir. Sí. Ciertamente. Basta con mirar sus cuadros para entender algo sobre las creencias del artista. Todo en su obra tiene una actitud de ofrenda. El paisaje es ofrecido, entregado en toda su plenitud al espectador. Los personajes se nos dan, se nos ofrecen en su magnífica realidad. Y si no quedara clara la ofrenda, basta con contemplar por un instante los personajes que pueblan sus lienzos. La Virgen tan de verdad, tan real, tan cercana a nuestros ojos, tan de piel.

Esa muchacha que ha dejado de posar para ser una auténtica madre, virginal, dulce, extraña. Esa Virgen tan humana, tan auténtica, es la que se ofrece, la que se inclina hacia el hijo y le da todo el amor en el gesto, en la mirada, en la manera de acogerlo y acunarlo. Y los niños que la rodean y le entregan la flor, la mirada y el movimiento pausado de sus manos y sus alas, son niños, niños reales, niños de carne, niños que son ángeles desnudos, niños con alas que el pintor ha colocado en sus hombros para marcar la diferencia con ese mismo niño que juega en la arena y adivina trinidades como los ángeles de San Agustín. Niños tristes en la arena. Y esa transparencia del agua, esas rocas…

¿Quién es ella? ¿Quién o quiénes los que, descalzos, se sientan a su lado, y quién es ese niño que le ofrece una rosa? ¿De dónde es ese niño? ¿Cómo ese niño es tan real, tan imposible, tan de carne y hueso, tan de cristal? Tabares cree en la belleza natural, no la que se representa en un álbum. Cree que es la obligación del que mira completar la obra, llenarla de significado, terminar con sus ojos lo que el artista insinúa. Es una forma de entender el arte, de hacer que nos llegue de manera gradual. José Tabares va transformando lentamente las figuras hasta hacerlas sagradas. La lentitud se adivina en cada pincelada, en el tiempo invertido en esa nueva pincelada, en pensarla y saberla antes de comenzarla. Esa lentitud se transmite en la manera de colocar a los protagonistas, de hacerles inclinarse, caminar, acostarse en el suelo, volar…

Y esa es la clave de su obra: ofrecernos para detectar el recibimiento de tal ofrenda. La realidad o el realismo pretendido en su obra es un juego que decide marcar la mirada de lo mirado y hacer soñar al que mira con la realidad a la que pertenece. Un juego de espejos donde uno acaba atrapado en cada uno de los seres allí representados. Y los seres que miramos son tan verdaderos que uno acaba por no creérselos y nos parecen de otra realidad distinta a la nuestra porque el pintor obra el milagro de la transformación de lo humano en divino y a la inversa, y así acaba el espectador entendiendo la realidad como otra cosa distinta a la que vive y, sumergido dentro del cuadro que representa lo que ha soñado, ser alguna vez eso otro que sueña y que alguna vez ha existido en su mente o en su corazón.

Es pura estética llevada en último extremo a la percepción y consideración moral de lo que miramos. Ya no es que nos guste o no el cuadro que estamos contemplando (lo que nos llevaría al plano de la estética), es lo que sentimos al mirar la obra y lo que se transforma dentro de nosotros al contemplarla. Lo que nos hace sentir al hacerlo es lo más parecido a penetrar en el plano de lo moral, entendiendo la moral como el conjunto de valores y creencias existentes que son aceptadas por la sociedad y que sirven de modelo de conducta y valoración para establecer lo que está bien o lo que está mal. Pero el pintor no se propone nada de eso. En esta muestra de una de sus facetas como artista, que representa lo que ha visto y conocido y que podríamos calificar como parte de su iconografía particular, la representación religiosa está exenta de contenido religioso, aunque esta afirmación resulte paradójica. El autor es ajeno a esa percepción. Es el espectador el que asume sin darse cuenta ese compromiso. Mira y se conmueve. Mira y piensa. Mira y analiza. Se analiza y entiende de sí mismo lo que siente y por qué lo siente.

Humanizar las estampas de nuestra infancia cuando vírgenes y ángeles eran algo nuestro, ajenos a pensamientos y creencias, es lo que ha hecho José Tabares. Ofrecernos en su ofrenda vírgenes de verdad, madres de verdad, ángeles de belleza verdadera iluminados sus rostros gracias a la inocencia de unos pinceles, es un regalo para aquellos que ven lo que sienten y tienen los pensamientos sobrenaturales de quien ha visto y creído en muchos ángeles y vírgenes; quien ha recorrido, de museo en museo, la verdadera transcendencia del arte.

Texto del catálogo: Amada Elsa López Rodríguez

Fotografías del catálogo: José Manuel Tabares Rodríguez

Nieves

Besos con sal
Acrílico sobre tabla
23 x 23 cm
2018

Nieves

Nieves
Óleo sobre tabla
200 x 120 cm
2014

Nieves

Ofrenda
Óleo sobre tabla
43 x 72 cm
2015

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